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Warning Signs
Millennium Alliance for Humanity and the Biosphere (MAHB), March 2021

Renewable Energy! Battling GOP lies to save our future.
Feature in The Nation

In the Artist's Studio - Visit studio + audio
Plaxall Gallery in LIC, NY, February 2021

Art As Awareness
Millennium Alliance for Humanity and the Biosphere (MAHB), February 2021


Cristian Pietrapiana is tired of excuses


A new exhibit in Long Island City explores climate change

Featured in wotisart.co.uk, April 2018

Fever - A Spanish cultural event in NY
Plaxall Gallery in LIC, NY, 2018


Fever exhibit in climate change

Plaxall Gallery in LIC, NY, 2018

Bodegón Cultural los Vilos - Chile
Boletín SCHOG, 2016

Es todo cuento - Chile
Revista Casa Foa, 2015

Tango en NY
Revista Casa Foa, Octubre 2013

Cristián Pietrapiana’s naturalistic realism
By Mitchell Kirk Monday, November 12th, 2012

LIC Arts Open. Puts the artists of Queens on the map
By Alexa Altman, May 31st, 2012

Jeffrey Leder Gallery
Made in Long Island City – Selected Group Exhibition

May 15, 2011

Revista Casa y Hogar

Cristián Pietrapiana

Los cuadros de Cristián Pietrapiana dejan una impresión expresionista en la mirada. Lo específicamente pictórico, los colores y la pincelada, expresan el mundo interior del artista, o el mundo exterior en el que el artista vive, o, en la mayoría de sus pinturas, ambos mundos. Se trata de una expresión sin prejuicios, sin reivindicación, sin rebelarse contra nada, que se permite buscar y encontrar un sitio dentro de su tiempo. En el mundo del arte del último y largo siglo XX, la singularidad es el valor a partir del cual se construye la identidad del artista. Pietrapiana parece no obsesionarse con esa singularidad, en parte gracias al vínculo que establece con la realidad. Un vínculo que deja en la pintura la huella del interior del artista, de su mundo y del mundo, y que a nosotros los espectadores nos acerca. Se trata de la cercanía que brinda la pintura de género moderno practicada en la a veces fría y especulativa contemporaneidad.

Al mismo tiempo, el pintor deja en las obras los rastros de la incomodidad que siente con el vínculo con el mundo. La soledad, el drama de la existencia, la fragilidad de los cuerpos y la pérdida de la identidad de unos seres que intentan acomodarse en espacios indefinidos. Espacios que parecen existir tan sólo para colocar desesperadamente al individuo en primer plano. Se trata, en última instancia, de la contraposición entre la carne del hombre y la cultura que la contiene. El autor pone la pintura al servicio de la más pura reflexión existencial, haciéndose eco de la tradición de la pintura figurativa inglesa y de sus estrellas más fulgurantes, Lucian Freud y Francis Bacon.

No obstante, el pintor trasciende el drama del hombre aislado en y de su cultura, y a partir del año 2007 comienza a reflexionar en el drama de los hombres en plural. La pérdida de identidad ya no es individual. Cuando el pintor conforma un tejido de cuerpos desnudos e indiferenciados, teje la verdadera pérdida del yo, la que resulta de sumar cuerpos hasta que sólo quede de ellos un amasijo de carne. A partir de esta masa aculturada, sería posible aplicar un molde general con el que crear figuras indiferenciadas y sin conciencia. Ya no hace falta reflexionar sobre la identidad porque viene dada por un patrón general, por un inmóvil ente creador. Pero no es una crítica al poder, tan común en la reflexión artística. Se trata de nuevo del miedo a la tensión que existe entre los hombres y el espacio que los contiene.

¿Qué pasaría si el mundo se viese rebalsado de existencias y nos dejase caer? ¿Qué pasaría si ya no entrásemos en el mundo? ¿Qué pasaría si ya no entrásemos en el cuerpo y nos perdiésemos en un montón de carne constituida por un montón de cuerpos? ¿Qué pasaría, en definitiva, si los contenedores desbordasen?

Y desde allí, el pintor vuelve en su nueva serie al individuo. Un ser que ya no está aislado, ni alienado, sino transformado en fragmento. Pietrapiana encuadra. Se acerca a una parte del cuerpo que decide escudriñar. Busca lo particular, lo propio de cada uno, el color de la piel, la forma de un cuello, la posición temerosa, siempre a un costado del espacio, en un rincón del mundo que se ofrece como telón de fondo, pero que no nos deja del todo estar. Ni a sus protagonistas ni a nosotros como espectadores.

Cuando estamos en su pintura, comprendemos que el arte no tiene una definición, que se configura en cada momento con lo que ya hay. Que el arte es un flujo que se acerca y se aleja de lo ya hecho. Que se manifiesta en la obra de artistas como Pietrapiana, que no se obcecan con la originalidad, sino que buscan una manifestación sincera y sin complejos de la parte del individuo que ha digerido la conciencia de lo social. Es a través de ese ritual que el artista se percibe a sí mismo y se ofrece a nosotros como moderno. Como heredero de la tradición de la más auténtica vanguardia del siglo XX. Una vanguardia que ya no lucha por ser vanguardia, sino que se abandona a la pura expresión.

Nuria Peist, Prof. de Historia del Arte, Universidad de Barcelona.

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